Reclamo una metamorfosis.
lunes, 27 de diciembre de 2010
lunes, 27 de septiembre de 2010
Terrible metáfora
¿Dónde quedó la portada del libro? Esa que tenía una ilustración digna de ser contemplada durante minutos. Tanto me gustó que al leérmelo este me duró dos días. Ahora vuelvo a ver la portada y pienso que me gustaba la sensación que tenía cuando no conocía su contenido.
Sin embargo, eso no significa que el aspecto del libro se encuentre por encima de lo que hay dentro. De hecho me ha encantado leerlo y ahora me he comprado otro del mismo autor.
domingo, 22 de agosto de 2010
Confesiones veraniegas. Confusiones otoñales.
Creo que puedo regresar al principio del verano, cuando no importaba encerrarse a esperar a que cayeran las oportunidades de sol, playa y salidas varias que darían aroma y color a mis vacaciones. Pero tenía un buen motivo para encerrarme: me estaba refugiando en una novedad con nombre de persona y apariencia cibernética. ¿Cómo podía estar cayendo en algo tan típico?
Fue una dulce condena mientras duró. ¿Cómo he podido acostumbrarme a ti tan rápido? ¿Por qué siento que cuando estoy contigo no hago lo que me gustaría hacer? ¿Por qué siento que estamos encerrados y limitados? ¿Por qué tengo la sensación de que el tiempo corre a una velocidad de vértigo, excepto cuando tenemos tremenda prisa por salir de casa para ir a por el tren? Siento aprovecharme de ti, o que lo parezca. Me encantaría llevarte de viaje a donde tú más quisieras. Sé que sería mar, calor y playa. Ojalá tuviera mucho dinero, porque imagino un atardecer y todo el tiempo del mundo. Tiempo para pasear mientras no perdemos de vista las olas y el cielo anaranjado, donde los bañistas se tornan siluetas y cuerpos negros, sin rostro ni detalle. Tiempo para tomar un helado, dos, tres... Un batido, un granizado o tal vez una horchata.
Tiempo para cenar en un italiano a pie de costa, con manteles a cuadros y antorchas. Para lucir un elegante vestido, deseando ser la mujer más bella del lugar y así complacer tus preciosos ojos, y para que la velada terminara con paseos nocturnos, baños nocturnos, juegos nocturnos...
miércoles, 18 de agosto de 2010
...like a little girl
Soy yo. Soy yo esa chica que se posa en la luz solar y disfruta de la brisa. La que observa cada detalle con minuciosidad y justifica las rarezas. La que odia no tener una cámara de fotos de calidad, para retratar aquella pareja, aquella bicicleta, aquella casa antigua o el pequeño bosque que hay detrás. A la que si miras sonríe, porque se avergüenza. La que cuando no miras, te mira esperando ansiosa que la mires.
La que nunca tiene dinero. La que te invitaría a todo. La que te llevaría de paseo por lugares que sueña y en los que jamás ha estado. La que adora darte la mano como una costumbre adquirida desde hace años, cuando no hace mucho que te conoce. La que quiere dártelo todo y se aguanta. La que no puede porque no tiene, pero lo desea con todas sus fuerzas. La que no se decide a ser decidida, porque es fiel a sí misma.
La que pretende mejorar con las horas y se frustra porque no lo consigue. La que empeora con las horas... Porque eso es lo que ella cree. La que quiere ser perfecta pero conoce lo atractivo de su imperfección. La que aspira sorprenderte con virtudes que le gustaría tener. La que no sabe escribir ni hablar de sí misma. La que piensa en el día siguiente, si te tiene que ver. La que sólo quiere que la quieran. La que disimula cuando algo le ha gustado mucho y la que lo dice sin reparos.
La que se come el mundo, cuando le resulta dulce y maravilloso. La que es intimidada por éste, cuando se siente triste y débil. La que cambia de filosofía de vida por momentos, que le duran muy poco. La que quiere correr para llegar antes y la que disfruta del paseo. La que todo y la que nada, según todo y según nada. La que se declararía con una canción no aprendida. La que creyó en los cuentos de hadas. La que se enamora de los paisajes, de los momentos y de las sensaciones. La que atesora sus recuerdos. La despistada. La torpe. La que soñó con ser tu chica. Tu chica.

jueves, 22 de julio de 2010
Temor: miedo y amor
Le brillaban las uñas. El día anterior se las había pintado porque tenía que verse con su chico. Siempre le había gustado lucir natural y eso era lo que pretendía conseguir con aquel esmalte transparente. Aquel día no iban a verse, pero no por eso iba a dejar de pensar en él. Todavía no podía creerse que el amor hubiese llegado a su puerta. Pero sí, lo que estaba claro es que así era, después de todo.
Sin embargo, esta chica siempre se caracterizó por sus inseguridades, y... Para una vez como ésa, no iba a hacer ninguna excepción. Ahora tenía más miedo que nunca. La belleza es placentera y gracias a ella resistimos en este mundo, pero también es relativa y nos hace sufrir. Y era precisamente eso lo que le preocupaba, ser menos, ser desagradable, tener un cuerpo deforme, ser fea.
Quizás ciertas evidencias le indicaban que el muchacho se sentía físicamente atraído por ella pero, ella también tiene ojos en la cara y sabe perfectamente la de bellezas que pasean por las calles, luciendo sus melenas y cuerpos estilizados, bronceados o no, más o menos esculturales. Se convirtió en una detectora de bellezones, y estaban por todas partes, demostrándole a aquel chico que, la compañía que había elegido, no le llegaba ni a la suela del zapato a muchas de las mujeres y chicas que uno puede ver con facilidad cuando sale a dar una vuelta o a tomar el aire.
Aquella chica no iba a aprender con facilidad que de verdad la querían.

lunes, 5 de julio de 2010
Dosoor lo prohobodo
Cuando me aficioné al sabor de su boca fue cuando caí en la cuenta de que, tal vez, me estaba enamorando. No porque estuviera besando a quien, para mí, era el chico más guapo del mundo, sino porque ya sabía perfectamente que sus formas me atraían. Pero he de reconocer que a menudo me desconcertaba con su empeño por disfrazar verdades y verificar mentiras. En fin, una auténtica tentación en cada rincón de su ser. Quizás fue desear lo prohibido...
viernes, 9 de abril de 2010
Amor ciego
El cerebro ve lo que el corazón quiere que sienta...
-Tu calle es muy bonita.
-Sí. Ésta es mi calle. ¿Quieres subir?
-Sí. Pero creo que no debería.
-¿Por qué no? Sólo son las nueve.
-Lo sé... Es que creo que no es buena idea.
-Oh, no... ¿Me he portado mal?
-No... Ha sido muy guay.
[...]
-Venga, sube.
-No...
-¿Qué? Creía que... Lo estábamos pasando bien.
-Y es verdad. Es que... Oye, yo no estoy acostumbrada a esto.
-¿A qué?
-Hoy has sido encantador conmigo y no sabes cómo te lo agradezco, pero...
-¿Tus otros novios no te cuidan?
-No tengo otros novios...
-Ah... Anda ya.
-Está bien... Tuve un novio. Fue hace poco tiempo y además no salió bien.
-Acabaste quemada, ¿eh?
-No... Nunca he estado lo bastante cerca de alguien como para quemarme.
-Por favor... ¿Con esa cara de ángel? Debes de tenerlos a porrillo.
-Ya... He visto como me miraba tu amigo Mauricio, parecía que iba a dispararme un dardo tranquilizante y a anillarme la oreja.
-Tú no te preocupes por él. Últimamente está muy raro, sobre todo con las chicas guapas.
-Hal, ¿te importa hacer el favor de dejar de decir que soy guapa y que no estoy gorda, vale? Me hace sentir incómoda.
-Ah... Vale. ¿Te molestan los cumplidos?
-Escucha, sé muy bien lo que soy y lo que no soy. Soy una chica que saca unas notas excelentes y que no teme ser divertida. Soy una chica que tiene muchos amigos que son chicos pero no tiene novio. Además, no soy guapa ¿vale? Y no lo seré jamás. Y yo lo acepto así... ¿De acuerdo? Pero si tú vas por ahí diciendo que soy algo que no soy... Eso... No está bien.
-Caray, Rose Mary... Estás asustándome. Tú me gustas mucho pero tengo que suponer que estás chalada si no te consideras guapa.
-Madura, Hal... (Se va)
-Rosie... Espera un segundo.
...
Habíamos pasado un día magnífico. No podía creer que esto me estuviera pasando a mí. Cuando de sopetón te llega algo que no esperas porque te hartaste de esperar y de repente... Lo estás viviendo y te das cuenta pero te cuesta en realidad.
No importaban los diálogos, podían ser llanos y sencillos. Sin importancia o con una vaga intención de ser profundos. Cada palabra, cada mirada, cada sonrisa, iban construyendo aquel sentimiento en mi corazón.
Después de que la tarde volara, empezando en ese famoso parque que tan visto tenía y que él supo convertir en el lugar más mágico en el que he estado. Después de eso, de ir a visitar a los niños quemados del hospital junto a él y ver cómo fue capaz de tratar con ellos con la dulzura más grande que jamás había visto... Después de todo eso. De todas esas maravillas. Yo no podía pedirle nada más a aquel día ni mucho menos a él.
Salimos a cenar y tras las risas, las miradas, los silencios que estallaban mi corazón... Seguimos paseando por la ciudad. Llegamos a una calle, iluminada de una forma muy encantadora, elegante y tranquila. Fue entonces cuando supe que estábamos en su calle, y se lo dije. Él me lo confirmó. Me preguntó si quería subir a su casa. En ese momento supe que era lo que más deseaba, pero también lo que más temía.
Me daba miedo que tuviéramos intimidad, que empezara a buscar en mí algo más que un diálogo, una sonrisa o una mirada. Que fuera a por mí. Sentía que yo misma podía estropear las cosas y no quería hacerlo. Menos si era la primera vez que habíamos quedado en serio. Pero... No sé.
Supongo que fue por eso que me resistí a subir. Lo malo es que le hice sentir mal y creyó que la culpa era suya. Pobrecito mío. Era lo último que quería que pensase. Aunque es natural, había sido tan encantador conmigo todo el día que... Era extraño que yo me negara de esa forma. Así que tras insistir me animé a decirle de alguna manera que no tenía costumbre a hacer esa clase de cosas. Con lo cual se entiende que mi inexperiencia explique mi inseguridad. Tenía que entenderlo. Aunque sólo fuese por un día. Yo le deseaba, pero estaba asustada.
Pero no logró entender lo que le decía, supuso que yo había tenido otras parejas, se lo negué y vi como se sorprendía y se extrañaba. Me dijo que tenía carita de ángel y quise comérmelo a besos, pero... No me lo creí ni yo. Es terrible pero desconfié de él. Me pareció extraño que sólo supiera ver virtudes en mí. Pero lo más extraño es que sus halagos se referían a mi físico. Detalle que hay que ignorar en mí, porque mi fachada es mi peor enemiga, desde siempre.
Busqué un ejemplo evidente para que a la fuerza tuviera que reconocer su excesivo empeño por quedar bien. Mintiendo si lo veía necesario. Le puse de ejemplo a su mejor amigo al que me había presentado por la mañana. Un buen hombre, algo gracioso, pero no me miraba nada bien. Y se lo dije, con formas algo exageradas, lo reconozco. Pero buscaba provocarle, ver qué me decía.
¿Y qué fue lo que dijo? Excusó a su amigo diciendo que últimamente estaba muy extraño y más aún con chicas guapas. En ese momento me enfadé. ¿Cómo se puede estar tan ciego? O peor, ¿cómo se puede mentir de esa forma? Era como si le hubiesen pagado para piropearme. No entendía nada, era casi insultante. Parecía claramente una tomadura de pelo. Pero no podía regañarle, aun así era encantador. Un caballero, tan dulce... Le solté un sermón. Me presenté ante él: Hola, soy Rose Mary Shanahan. Soy una joven obesa de buena familia. Trabajo en fundaciones solidarias y gracias a que soy muy abierta, lista y simpática, consigo tener muchos amigos. Pero jamás seré guapa, jamás estaré delgada y jamás tendré novio formal.
Me moría de ganas de gritarle eso a la cara, que se diera cuenta de que para "conseguirme" no tenía que regalarme el oído con mentiras. Conozco demasiado bien mis límites, mis características y mis posibilidades. Y quería dejárselo claro antes de que sí estropeara de verdad aquel magnífico día y el hermoso sentimiento que nacía en mí.
Una vez más, no lo entendió... Me llamó loca, así por las buenas. Por decirle las verdades a la cara, y eso que lo hice de forma suave para que no se ofendiera. ¡Pero si la ofendida era yo! Nadie se traga todo lo que me estaba diciendo. No pude más, me cansé, me rendí y decidí irme a casa. Le pedí que madurara, no se le puede hacer la pelota a alguien de forma tan descarada, es extraño y sospechoso. Y antes de que pudiera decir algo más, como seguir insistiendo... Me fui. Seguí andando por su hermosa calle, pasándome el portal de su casa, donde nos habíamos detenido a hablar cuando insistió para que subiera.
Cuando llegué a casa... Me di cuenta de que no podía dejarle escapar, era demasiado tarde para decirle a mi corazón que no se enamorara y para no llamar a ese sentimiento amor.
...
Desde que me quedé encerrado en el ascensor con Tony Robbins todo había ido como la seda. No se me había resistido ninguna chica y además todas eran preciosas. Pero cuando la vi a ella... Supe que quería conocerla. Supe que me haría sentir especial. Supe que era ella.
Por eso, un impulso me hizo detenerme para saludarla, así de claro y directo. No estaba para timideces, mi edad y mi enorme capacidad de ligue que me perseguía últimamente... Me decían que tenía que aprovechar esa racha y provar suerte.
No pude darme cuenta que ya estábamos discutiendo, vi que la estaba cagando y me sentí tan mal que desesperadamente quise volver a empezar de nuevo. Me disculpé con toda la amabilidad que me fue posible y la invité a tomar algo por las molestias.
Sé que no era muy romántico pero acababa de conocerla y se nos ocurrió una hamburguesería de la zona. Allí fue donde empezó todo. La chica con la imagen más desvirtuada que había visto.
Aunque pidió mucha comida que yo fui incapaz de terminarme, ella se disgustó cuando me alegré de que se mantuviera tan bien a pesar de sus comilonas. Me miró como si fuera un impostor. Pero ella se llamó gorda y eso no pude tolerarlo, no le sobraba ni un gramo a esa chica, si a caso podíamos añadir cinco kilos más sin problemas. Era una auténtica preciosidad.
No le hice mucho caso, la mujer de la actualidad suele tener esos prejuicios y bajas autoestimas. Si quería tener más contacto con ella, tenía que decirle cuan hermosa era y así habituarla a la realidad y no al monstruo que dijo ser.
Tras eso y tras conseguir su número, me di cuenta de que, para mi sorpresa, resultó ser la mismísima hija del jefe de mi jefe, ni más ni menos que el dueño de la empresa donde trabajo. Impresionante, ¿no? La casualidad más grande que había vivido. Y además nunca hubiera imaginado tal belleza de hija de un hombre como aquél.
Ella me dio las gracias por todo, se mostró agradecida. Como si le hubiera hecho un favor, como si nunca la hubieran tratado así, al menos no alguien que pasaba por allí. Aunque tú y yo sabemos que no pasaba por allí sino que la vi y fui a por ella. Qué poco natural soy, pero es que me entró por los ojos y me llegó al corazón. Cuando supe como era, como hablaba, como me miraba y a qué se dedicaba, me encantó. ¡Y se reía de mis chistes y mis gracias! Echaba de menos eso en una mujer tan bella. Normalmente me miran con cara de asco y se largan.
Era la mujer perfecta: atenta, lista, sonriente, original, divertida, altruista y con un gran sentido del humor... No la típica que vive rodeada de espejos. Ella era guapa en sí misma y no porque cuidara su aspecto. Naturalmente bella. Me había encaprichado a más no poder. Y ya estaba deseando que llegara el día de nuestra primera cita. Íbamos a encontrarnos en el parque de nuestra ciudad, el lugar perfecto para empezar a pasear y conocernos más. Debo reconocer que me puso nervioso la espera. Pero valió la pena.
...
-¿Buscando un paracaídas?
-¿Disculpe?
-Son un poco grandes, ¿no? (Unas bragas) ¡Ah... Ya caigo! Se te ha roto la vela de tu barco, ¿verdad? (Se ríe)
- ...
-Oh... Perdona, es... Es que... Me llamó la atención ver a alguien como tú con esas super bragas.
-¿Alguien como yo?
-Ahm... Sí. A alguien tan en forma.
-Es usted un majadero. (Se va)
-¡Señorita! Argh... Perdóneme, por favor. No pretendía ofenderla.
-Oye, uniceja. ¿Por qué no duplicas tu dosis y me dejas en paz?
-Eh, eh... Empecemos de nuevo. Oye, he sido un completo idiota. A lo mejor las comprabas para un familiar y yo le he insultado. No te habrá sentado bien pero, quiero que sepas que no pretendía cabrearte, sólo quería conocerte. Lo que ocurre... Es que a veces no soy nada delicado. Déjame compensártelo.
- (En una hamburguesería) Y dime, ¿a qué te dedicas, Rose Mary?
-Pues... Ahora mismo estoy en un hospital como voluntaria porque estoy esperando a que... A que me llegue el reenganche.
-¿Ah, sí? ¿Estás en el ejército?
-En el cuerpo de paz.
-El cuerpo de paz, vaya. Eso es muy... Altruidoso por tu parte.
-¿Altruidoso? Eso no existe. ¡Ah...! Pretendías decir humanidoso, ¿no? (Sonríe)
- (Se ríe) Sí, eso es.
-Vale. ¿Qué tomarán? (Camarero)
-Una hamburguesa de pizza doble, patatas al chile con queso y un batido grande de chocolate.
-Así se pide. Ahm, yo tomaré exactamente lo mismo.
-Hecho. (Se va)
-Estoy impresionado. Da gusto oír pedir a una chica comida de verdad, no soporto que pidáis un vaso de agua y un cuscurro de pan integral, así no hay quien salga a comer.
-Sí... (sonríe) Seguramente eso es lo que tendría que hacer y ponerme a régimen, pero no sé... Coma lo que coma el peso siempre se mantiene igual, de modo que... ¡Qué demonios! Como lo que quiero.
-Di que sí. Si quemas lo que comes mucho mejor para ti.
-No te pases de listo.
-Espera. ¿Qué? No... Yo digo sólo digo que... Me da pena la gente que cuenta las calorías, no es forma de vivir.
-Sí... Pero consiguen estar mucho más delgadas que yo.
-Ahm... ¿Estás bien de la cabeza? ¿Cuanto pesas? ¿48? ¿49 kilos?
-¿A qué mitad de mi pandero te estas refiriendo?
-De acuerdo... ¡Cú-cu, cú-cu! (Cancioncita acompañada de gestos) Tú hazme caso, estés haciendo lo que estés haciendo. Da resultado.
-Ah... Venga ya.
[...]
-Gracias por el almuerzo.
-¡Ah! Ha sido un placer, Rosie.
-Mi madre me llama Rosie. (Sorprendida)
-¿Ah, sí?
-Sí... (Encantada)
[...]
-¿Me das tu número?
-¿Qué numero?
-El de tu tarjeta, quiero sacarte dinero. ¿Cual va a ser? El de teléfono.
-¿Por qué?
-Ahm... No sé. Para salir, quizás mañana.
- (Muy sorprendida) Ah... Ah, sí. Bueno claro... Está en la guía, a nombre de Rose Mary Shanahan. Te lo deletrearé, es... S, H, A, N...
-No, tranquila, me acordaré porque mi jefe se llama Steve Shanahan.
-Así se llama mi padre.
-Pero no será el de JPS.
- (Se ríe) ¡Sí...!
-No...
-¡Sí! (Sorprendida)
-¡Tu padre es mi jefe! Bueno, mi jefe no, ¡el jefe de mi jefe! Es decir, no le conozco, pero le veo por la oficina.
- (Se ríe) Entonces así no olvidarás mi nombre... (Se miran mutuamente en silencio y se dirige a su coche) Hal, si no vuelvo a saber de ti... Muchas gracias por todo, de verdad.
-¡Cú-cu...! (Incrédulo a sus palabras)
-Tu calle es muy bonita.
-Sí. Ésta es mi calle. ¿Quieres subir?
-Sí. Pero creo que no debería.
-¿Por qué no? Sólo son las nueve.
-Lo sé... Es que creo que no es buena idea.
-Oh, no... ¿Me he portado mal?
-No... Ha sido muy guay.
[...]
-Venga, sube.
-No...
-¿Qué? Creía que... Lo estábamos pasando bien.
-Y es verdad. Es que... Oye, yo no estoy acostumbrada a esto.
-¿A qué?
-Hoy has sido encantador conmigo y no sabes cómo te lo agradezco, pero...
-¿Tus otros novios no te cuidan?
-No tengo otros novios...
-Ah... Anda ya.
-Está bien... Tuve un novio. Fue hace poco tiempo y además no salió bien.
-Acabaste quemada, ¿eh?
-No... Nunca he estado lo bastante cerca de alguien como para quemarme.
-Por favor... ¿Con esa cara de ángel? Debes de tenerlos a porrillo.
-Ya... He visto como me miraba tu amigo Mauricio, parecía que iba a dispararme un dardo tranquilizante y a anillarme la oreja.
-Tú no te preocupes por él. Últimamente está muy raro, sobre todo con las chicas guapas.
-Hal, ¿te importa hacer el favor de dejar de decir que soy guapa y que no estoy gorda, vale? Me hace sentir incómoda.
-Ah... Vale. ¿Te molestan los cumplidos?
-Escucha, sé muy bien lo que soy y lo que no soy. Soy una chica que saca unas notas excelentes y que no teme ser divertida. Soy una chica que tiene muchos amigos que son chicos pero no tiene novio. Además, no soy guapa ¿vale? Y no lo seré jamás. Y yo lo acepto así... ¿De acuerdo? Pero si tú vas por ahí diciendo que soy algo que no soy... Eso... No está bien.
-Caray, Rose Mary... Estás asustándome. Tú me gustas mucho pero tengo que suponer que estás chalada si no te consideras guapa.
-Madura, Hal... (Se va)
-Rosie... Espera un segundo.
...
Habíamos pasado un día magnífico. No podía creer que esto me estuviera pasando a mí. Cuando de sopetón te llega algo que no esperas porque te hartaste de esperar y de repente... Lo estás viviendo y te das cuenta pero te cuesta en realidad.
No importaban los diálogos, podían ser llanos y sencillos. Sin importancia o con una vaga intención de ser profundos. Cada palabra, cada mirada, cada sonrisa, iban construyendo aquel sentimiento en mi corazón.
Después de que la tarde volara, empezando en ese famoso parque que tan visto tenía y que él supo convertir en el lugar más mágico en el que he estado. Después de eso, de ir a visitar a los niños quemados del hospital junto a él y ver cómo fue capaz de tratar con ellos con la dulzura más grande que jamás había visto... Después de todo eso. De todas esas maravillas. Yo no podía pedirle nada más a aquel día ni mucho menos a él.
Salimos a cenar y tras las risas, las miradas, los silencios que estallaban mi corazón... Seguimos paseando por la ciudad. Llegamos a una calle, iluminada de una forma muy encantadora, elegante y tranquila. Fue entonces cuando supe que estábamos en su calle, y se lo dije. Él me lo confirmó. Me preguntó si quería subir a su casa. En ese momento supe que era lo que más deseaba, pero también lo que más temía.
Me daba miedo que tuviéramos intimidad, que empezara a buscar en mí algo más que un diálogo, una sonrisa o una mirada. Que fuera a por mí. Sentía que yo misma podía estropear las cosas y no quería hacerlo. Menos si era la primera vez que habíamos quedado en serio. Pero... No sé.
Supongo que fue por eso que me resistí a subir. Lo malo es que le hice sentir mal y creyó que la culpa era suya. Pobrecito mío. Era lo último que quería que pensase. Aunque es natural, había sido tan encantador conmigo todo el día que... Era extraño que yo me negara de esa forma. Así que tras insistir me animé a decirle de alguna manera que no tenía costumbre a hacer esa clase de cosas. Con lo cual se entiende que mi inexperiencia explique mi inseguridad. Tenía que entenderlo. Aunque sólo fuese por un día. Yo le deseaba, pero estaba asustada.
Pero no logró entender lo que le decía, supuso que yo había tenido otras parejas, se lo negué y vi como se sorprendía y se extrañaba. Me dijo que tenía carita de ángel y quise comérmelo a besos, pero... No me lo creí ni yo. Es terrible pero desconfié de él. Me pareció extraño que sólo supiera ver virtudes en mí. Pero lo más extraño es que sus halagos se referían a mi físico. Detalle que hay que ignorar en mí, porque mi fachada es mi peor enemiga, desde siempre.
Busqué un ejemplo evidente para que a la fuerza tuviera que reconocer su excesivo empeño por quedar bien. Mintiendo si lo veía necesario. Le puse de ejemplo a su mejor amigo al que me había presentado por la mañana. Un buen hombre, algo gracioso, pero no me miraba nada bien. Y se lo dije, con formas algo exageradas, lo reconozco. Pero buscaba provocarle, ver qué me decía.
¿Y qué fue lo que dijo? Excusó a su amigo diciendo que últimamente estaba muy extraño y más aún con chicas guapas. En ese momento me enfadé. ¿Cómo se puede estar tan ciego? O peor, ¿cómo se puede mentir de esa forma? Era como si le hubiesen pagado para piropearme. No entendía nada, era casi insultante. Parecía claramente una tomadura de pelo. Pero no podía regañarle, aun así era encantador. Un caballero, tan dulce... Le solté un sermón. Me presenté ante él: Hola, soy Rose Mary Shanahan. Soy una joven obesa de buena familia. Trabajo en fundaciones solidarias y gracias a que soy muy abierta, lista y simpática, consigo tener muchos amigos. Pero jamás seré guapa, jamás estaré delgada y jamás tendré novio formal.
Me moría de ganas de gritarle eso a la cara, que se diera cuenta de que para "conseguirme" no tenía que regalarme el oído con mentiras. Conozco demasiado bien mis límites, mis características y mis posibilidades. Y quería dejárselo claro antes de que sí estropeara de verdad aquel magnífico día y el hermoso sentimiento que nacía en mí.
Una vez más, no lo entendió... Me llamó loca, así por las buenas. Por decirle las verdades a la cara, y eso que lo hice de forma suave para que no se ofendiera. ¡Pero si la ofendida era yo! Nadie se traga todo lo que me estaba diciendo. No pude más, me cansé, me rendí y decidí irme a casa. Le pedí que madurara, no se le puede hacer la pelota a alguien de forma tan descarada, es extraño y sospechoso. Y antes de que pudiera decir algo más, como seguir insistiendo... Me fui. Seguí andando por su hermosa calle, pasándome el portal de su casa, donde nos habíamos detenido a hablar cuando insistió para que subiera.
Cuando llegué a casa... Me di cuenta de que no podía dejarle escapar, era demasiado tarde para decirle a mi corazón que no se enamorara y para no llamar a ese sentimiento amor.
...
Desde que me quedé encerrado en el ascensor con Tony Robbins todo había ido como la seda. No se me había resistido ninguna chica y además todas eran preciosas. Pero cuando la vi a ella... Supe que quería conocerla. Supe que me haría sentir especial. Supe que era ella.
Por eso, un impulso me hizo detenerme para saludarla, así de claro y directo. No estaba para timideces, mi edad y mi enorme capacidad de ligue que me perseguía últimamente... Me decían que tenía que aprovechar esa racha y provar suerte.
No pude darme cuenta que ya estábamos discutiendo, vi que la estaba cagando y me sentí tan mal que desesperadamente quise volver a empezar de nuevo. Me disculpé con toda la amabilidad que me fue posible y la invité a tomar algo por las molestias.
Sé que no era muy romántico pero acababa de conocerla y se nos ocurrió una hamburguesería de la zona. Allí fue donde empezó todo. La chica con la imagen más desvirtuada que había visto.
Aunque pidió mucha comida que yo fui incapaz de terminarme, ella se disgustó cuando me alegré de que se mantuviera tan bien a pesar de sus comilonas. Me miró como si fuera un impostor. Pero ella se llamó gorda y eso no pude tolerarlo, no le sobraba ni un gramo a esa chica, si a caso podíamos añadir cinco kilos más sin problemas. Era una auténtica preciosidad.
No le hice mucho caso, la mujer de la actualidad suele tener esos prejuicios y bajas autoestimas. Si quería tener más contacto con ella, tenía que decirle cuan hermosa era y así habituarla a la realidad y no al monstruo que dijo ser.
Tras eso y tras conseguir su número, me di cuenta de que, para mi sorpresa, resultó ser la mismísima hija del jefe de mi jefe, ni más ni menos que el dueño de la empresa donde trabajo. Impresionante, ¿no? La casualidad más grande que había vivido. Y además nunca hubiera imaginado tal belleza de hija de un hombre como aquél.
Ella me dio las gracias por todo, se mostró agradecida. Como si le hubiera hecho un favor, como si nunca la hubieran tratado así, al menos no alguien que pasaba por allí. Aunque tú y yo sabemos que no pasaba por allí sino que la vi y fui a por ella. Qué poco natural soy, pero es que me entró por los ojos y me llegó al corazón. Cuando supe como era, como hablaba, como me miraba y a qué se dedicaba, me encantó. ¡Y se reía de mis chistes y mis gracias! Echaba de menos eso en una mujer tan bella. Normalmente me miran con cara de asco y se largan.
Era la mujer perfecta: atenta, lista, sonriente, original, divertida, altruista y con un gran sentido del humor... No la típica que vive rodeada de espejos. Ella era guapa en sí misma y no porque cuidara su aspecto. Naturalmente bella. Me había encaprichado a más no poder. Y ya estaba deseando que llegara el día de nuestra primera cita. Íbamos a encontrarnos en el parque de nuestra ciudad, el lugar perfecto para empezar a pasear y conocernos más. Debo reconocer que me puso nervioso la espera. Pero valió la pena.
...
-¿Buscando un paracaídas?
-¿Disculpe?
-Son un poco grandes, ¿no? (Unas bragas) ¡Ah... Ya caigo! Se te ha roto la vela de tu barco, ¿verdad? (Se ríe)
- ...
-Oh... Perdona, es... Es que... Me llamó la atención ver a alguien como tú con esas super bragas.
-¿Alguien como yo?
-Ahm... Sí. A alguien tan en forma.
-Es usted un majadero. (Se va)
-¡Señorita! Argh... Perdóneme, por favor. No pretendía ofenderla.
-Oye, uniceja. ¿Por qué no duplicas tu dosis y me dejas en paz?
-Eh, eh... Empecemos de nuevo. Oye, he sido un completo idiota. A lo mejor las comprabas para un familiar y yo le he insultado. No te habrá sentado bien pero, quiero que sepas que no pretendía cabrearte, sólo quería conocerte. Lo que ocurre... Es que a veces no soy nada delicado. Déjame compensártelo.
- (En una hamburguesería) Y dime, ¿a qué te dedicas, Rose Mary?
-Pues... Ahora mismo estoy en un hospital como voluntaria porque estoy esperando a que... A que me llegue el reenganche.
-¿Ah, sí? ¿Estás en el ejército?
-En el cuerpo de paz.
-El cuerpo de paz, vaya. Eso es muy... Altruidoso por tu parte.
-¿Altruidoso? Eso no existe. ¡Ah...! Pretendías decir humanidoso, ¿no? (Sonríe)
- (Se ríe) Sí, eso es.
-Vale. ¿Qué tomarán? (Camarero)
-Una hamburguesa de pizza doble, patatas al chile con queso y un batido grande de chocolate.
-Así se pide. Ahm, yo tomaré exactamente lo mismo.
-Hecho. (Se va)
-Estoy impresionado. Da gusto oír pedir a una chica comida de verdad, no soporto que pidáis un vaso de agua y un cuscurro de pan integral, así no hay quien salga a comer.
-Sí... (sonríe) Seguramente eso es lo que tendría que hacer y ponerme a régimen, pero no sé... Coma lo que coma el peso siempre se mantiene igual, de modo que... ¡Qué demonios! Como lo que quiero.
-Di que sí. Si quemas lo que comes mucho mejor para ti.
-No te pases de listo.
-Espera. ¿Qué? No... Yo digo sólo digo que... Me da pena la gente que cuenta las calorías, no es forma de vivir.
-Sí... Pero consiguen estar mucho más delgadas que yo.
-Ahm... ¿Estás bien de la cabeza? ¿Cuanto pesas? ¿48? ¿49 kilos?
-¿A qué mitad de mi pandero te estas refiriendo?
-De acuerdo... ¡Cú-cu, cú-cu! (Cancioncita acompañada de gestos) Tú hazme caso, estés haciendo lo que estés haciendo. Da resultado.
-Ah... Venga ya.
[...]
-Gracias por el almuerzo.
-¡Ah! Ha sido un placer, Rosie.
-Mi madre me llama Rosie. (Sorprendida)
-¿Ah, sí?
-Sí... (Encantada)
[...]
-¿Me das tu número?
-¿Qué numero?
-El de tu tarjeta, quiero sacarte dinero. ¿Cual va a ser? El de teléfono.
-¿Por qué?
-Ahm... No sé. Para salir, quizás mañana.
- (Muy sorprendida) Ah... Ah, sí. Bueno claro... Está en la guía, a nombre de Rose Mary Shanahan. Te lo deletrearé, es... S, H, A, N...
-No, tranquila, me acordaré porque mi jefe se llama Steve Shanahan.
-Así se llama mi padre.
-Pero no será el de JPS.
- (Se ríe) ¡Sí...!
-No...
-¡Sí! (Sorprendida)
-¡Tu padre es mi jefe! Bueno, mi jefe no, ¡el jefe de mi jefe! Es decir, no le conozco, pero le veo por la oficina.
- (Se ríe) Entonces así no olvidarás mi nombre... (Se miran mutuamente en silencio y se dirige a su coche) Hal, si no vuelvo a saber de ti... Muchas gracias por todo, de verdad.
-¡Cú-cu...! (Incrédulo a sus palabras)
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