sábado, 24 de noviembre de 2012

Ordre!

Una mica d'ordre, si us plau!

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Huesos de santo

Deixo constància, en aquest racó de l'espai virtual (amagat a la xarxa), que encara me'n recordo de tu.

sábado, 23 de junio de 2012

Aunque duela

Adoro la casualidad, aunque duela. 

Adoro estas sensaciones, aunque a día de hoy, duelan. 

Adoro haber sido capaz de amar como lo he hecho en las circunstancias en las que lo he hecho. 

Estoy enamorada de mi capacidad de sentir. 

Aunque duela.

¡Aunque duela!

domingo, 17 de junio de 2012

El arte

El arte tiene la capacidad de acoger con amor a toda la mierda que frecuenta este mundo y hacerla bella.

jueves, 14 de junio de 2012

Para mí

Maldito tu patrón mental que no te deja ser persona. De no ser por eso, tú eras para mí.

miércoles, 6 de junio de 2012

Lo nuestro

¿Lo nuestro fue soñado, vivido o imaginado?

domingo, 3 de junio de 2012

Malson

Vas ser un somni i ara ets un malson.

lunes, 16 de abril de 2012

Atropellada

La chica volvió para irse para siempre. Necesitaba locamente aliviar su dolor. Un lunes como cualquier otro, sonaba su despertador a las seis de la mañana. Todo estaba oscuro, su madre estaba en su cama y pudo oírla, pudo decirle adiós cuando ella salía escopeteada por la puerta principal, porque tenía que llegar a tiempo a la parada de autobús. Sin embargo, antes le dio tiempo de imprimir algunos documentos, nunca se sabe si tendrá motivación para leer todo lo que tiene que leer en el tren, de vuelta, porque la ida es para tener la mente flotando, para soñar despierta. Para estar despierta sin estar preparada por formar parte del mundo, todavía.

La música se estaba convirtiendo en una de sus mejores terapias. Música nueva. Música que empuja a seguir. Alguna canción romántica de desamor y pérdida. Le encantaba darse cuenta de que la letra de las canciones que más le gustaban, casualmente, hablaban de eso. Bajó del autobús y en el primer cruce miró a su derecha, una pastelería en la que se detuvo en el pasado, de la que comió algún dulce típico de estación, algún merengue. Se sonrió hacia sus adentros pensando que lo más probable es que no volviera a entrar, por lo menos, en mucho tiempo. Y por lo menos, no con la misma persona.

El semáforo en verde le permitió seguir con su pequeña ruta hasta la estación de tren. Cuando giró y empezó la calle peatonal, la del bar de madera extraño, la de los chinos, alguna tienda de ropa carísima y la de los dulces y objetos originales. Cuando empezó aquella calle se sentía como en una película, totalmente absorta por la música que estaba escuchando, como si en realidad sonara para todos. Como si la vida, el mundo, en aquel instante estuvieran contando su vida, su situación; y los demás no fueran más que actores secundarios, seguro que en algún momento iban a tener su oportunidad.

De repente le preocupó la idea de que algún coche estuviera circulando por detrás. Cruzó sin despegar los auriculares de sus oídos ni un solo instante. ¿Habría un coche? ¿Realmente importa? Imaginó que era atropellada. Imaginó que todo lo que había estado sintiendo, todo lo que había estado pensando, el recuerdo de sus sueños más recientes, el recuerdo de los momentos que había que dejar atrás porque jamás volverían, todos los planes y la falta de ellos que llevaba consigo, yacían por última vez en aquel lugar y desaparecían, para siempre.

sábado, 17 de marzo de 2012

Mundo rescatado

Me sentía algo perdida pero sabía que iba bien encarrilada. Sólo tenia que esperar. Y mientras esperaba, ocupaba el tiempo con la rutina que me permitía el ambiente y las posesiones ajenas. Poder hacer una ruta que hacía poco había conocido, era mi motivación para despertar al día siguiente. Con el tiempo justo y al mismo tiempo necesario. Sólo tenía que ir tirando una hora antes. Cada mañana era igual. Dividí la ruta por fases. Siempre me cruzaba con las mismas personas hacia la misma altura del camino. Era gracioso. Era saludarse en silencio.

Pero, sin duda, el personaje protagonista de aquel camino era el mar. Las mañanas soleadas de primavera eran las mejores, cuando el mar daba los buenos días vestido de brillos. Sin embargo, nada hubiera sido igual sin mi música. La que, para entonces, creía que me daba una identidad. Creía que podía hablar de mí y que, tan sólo por escucharla, estaba definiéndome de forma muy precisa.

Estaba sola, sola, sola. Y cuando estas solo, a veces, te sientes más interesante. De repente se te ocurren miles de cosas que podrías ofrecer. Y las vas acumulando porque todavía no es momento de ofrecerlas. Para aquel entonces debí reflexionar sobre algo.

Un año y unos meses separan esas sensaciones de comenzar a abandonar mi mundo para vivir por otro que no se interesó lo suficiente por el mío. Y no volverá a ocurrir.