Soy yo. Soy yo esa chica que se posa en la luz solar y disfruta de la brisa. La que observa cada detalle con minuciosidad y justifica las rarezas. La que odia no tener una cámara de fotos de calidad, para retratar aquella pareja, aquella bicicleta, aquella casa antigua o el pequeño bosque que hay detrás. A la que si miras sonríe, porque se avergüenza. La que cuando no miras, te mira esperando ansiosa que la mires.
La que nunca tiene dinero. La que te invitaría a todo. La que te llevaría de paseo por lugares que sueña y en los que jamás ha estado. La que adora darte la mano como una costumbre adquirida desde hace años, cuando no hace mucho que te conoce. La que quiere dártelo todo y se aguanta. La que no puede porque no tiene, pero lo desea con todas sus fuerzas. La que no se decide a ser decidida, porque es fiel a sí misma.
La que pretende mejorar con las horas y se frustra porque no lo consigue. La que empeora con las horas... Porque eso es lo que ella cree. La que quiere ser perfecta pero conoce lo atractivo de su imperfección. La que aspira sorprenderte con virtudes que le gustaría tener. La que no sabe escribir ni hablar de sí misma. La que piensa en el día siguiente, si te tiene que ver. La que sólo quiere que la quieran. La que disimula cuando algo le ha gustado mucho y la que lo dice sin reparos.
La que se come el mundo, cuando le resulta dulce y maravilloso. La que es intimidada por éste, cuando se siente triste y débil. La que cambia de filosofía de vida por momentos, que le duran muy poco. La que quiere correr para llegar antes y la que disfruta del paseo. La que todo y la que nada, según todo y según nada. La que se declararía con una canción no aprendida. La que creyó en los cuentos de hadas. La que se enamora de los paisajes, de los momentos y de las sensaciones. La que atesora sus recuerdos. La despistada. La torpe. La que soñó con ser tu chica. Tu chica.

Vaya con los terrícolas. En mi planeta está prohibido declarar el amor en un foro público.
ResponderEliminarSi yo fuera tu novio me sentiría ofendido por fuera (por eso de mantener las apariencias, no vayan a pensar que somos unos descarados) pero me derretiría por dentro...
Por cierto, yo te dejo mi cámara cuando quieras.
Pues qué vergüenza, señor marciano...
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