miércoles, 13 de abril de 2011

¡Zombie! Cómeme el c... ¡Cerebro!

Qué duro esto de ser una enferma mental... Pienso en solucionar mis problemas. Que mis neuronas no entienden de mis pensamientos, se dedican a actuar como "creen" que han de hacerlo y la cagan. La cagan y todo apoyo que me prestan resulta incómodo y desadaptativo. Sinceramente, para actuar así ya podrían no actuar.

Le doy vueltas a esta idea y me sorprende cuán paradójica puede llegar a ser. La herramienta que uso para pensar está dañada. Esto es como querer arreglar un martillo con el mismo martillo. Aunque es cierto que en este caso se trata de una herramienta con miles de funciones y que por el momento sólo es una la que no me deja vivir. Aun así es extraño. Es tan raro como lógico creer que podría comunicarme con mis neuronas e informarlas sobre lo que tienen que hacer. Pero en realidad yo no doy órdenes al cerebro, el cerebro me las da a mí. Y para darle más vuelta de tuerca, he de decir que ni una cosa ni la otra son ciertas. De hecho, yo soy este cerebro. ¡Yo soy este puto cerebro! ¡Fíjate cómo me manifiesto!

¡Daros cuenta! Un órgano feo, blando y replegado en sí mismo me permite mover estos dedos, me permite planificar el puto movimiento que realizo cada vez que tengo que teclear otra letra, calcularlo y hacerlo. Incluso podría decir que mis dedos recuerdan la posición de cada letra en el teclado, y en realidad mis dedos no recuerdan nada, ¡es mi puto cerebro otra vez! Y no conforme con eso, ¡encima utilizo un lenguaje, una expresión y un contenido coherentes!

Sí... ¿Cómo ha podido la gente aceptar eso tan rápidamente? A mí todavía me resulta increíble y más si lo pienso... Pero alguna explicación tenía que tener.

Y he aprendido todo eso gracias a mi cerebro. ¿Cómo puede ser que el cerebro sea capaz de hacerme sobrevivir diariamente y no se dé cuenta de que la información que procesa atañe a sí mismo? Es el mismo efecto que mirarse al espejo por primera vez. Yo no recuerdo la primera vez que me miré en un espejo y supongo que nadie lo hace a no ser que sea alguien rescatado de una jungla en la que ejercía de niño de la selva. Pero sé que puede impactar y mira sino a los pobres perros, que son incapaces de entender que aquello que ven reflejado son ellos mismos. ¿Cómo no nos volvemos locos al descubrir el gran secreto sobre nuestro funcionamiento? El cerebro pensó en todo menos en autodestruirse al verse reconocido a sí mismo. La filogenética no decidió que era mejor que el ser humano nunca descubriera por qué era capaz de hacer todo lo que era capaz de hacer. Pensar en decisiones en este sentido implica un supuesto demasiado religioso o místico.

Se me va la olla, ¿verdad? Pues ahí tienes otra referencia al tema del que hablo. Quizás sí que me he vuelto loca de verdad y lo que me extraña que no haya ocurrido en realidad sí lo ha hecho. Lo cierto es que me estoy mareando... ¡Qué dolor de cabeza, coño!