La chica volvió para irse para siempre. Necesitaba locamente aliviar su dolor. Un lunes como cualquier otro, sonaba su despertador a las seis de la mañana. Todo estaba oscuro, su madre estaba en su cama y pudo oírla, pudo decirle adiós cuando ella salía escopeteada por la puerta principal, porque tenía que llegar a tiempo a la parada de autobús. Sin embargo, antes le dio tiempo de imprimir algunos documentos, nunca se sabe si tendrá motivación para leer todo lo que tiene que leer en el tren, de vuelta, porque la ida es para tener la mente flotando, para soñar despierta. Para estar despierta sin estar preparada por formar parte del mundo, todavía.
La música se estaba convirtiendo en una de sus mejores terapias. Música nueva. Música que empuja a seguir. Alguna canción romántica de desamor y pérdida. Le encantaba darse cuenta de que la letra de las canciones que más le gustaban, casualmente, hablaban de eso. Bajó del autobús y en el primer cruce miró a su derecha, una pastelería en la que se detuvo en el pasado, de la que comió algún dulce típico de estación, algún merengue. Se sonrió hacia sus adentros pensando que lo más probable es que no volviera a entrar, por lo menos, en mucho tiempo. Y por lo menos, no con la misma persona.
El semáforo en verde le permitió seguir con su pequeña ruta hasta la estación de tren. Cuando giró y empezó la calle peatonal, la del bar de madera extraño, la de los chinos, alguna tienda de ropa carísima y la de los dulces y objetos originales. Cuando empezó aquella calle se sentía como en una película, totalmente absorta por la música que estaba escuchando, como si en realidad sonara para todos. Como si la vida, el mundo, en aquel instante estuvieran contando su vida, su situación; y los demás no fueran más que actores secundarios, seguro que en algún momento iban a tener su oportunidad.
De repente le preocupó la idea de que algún coche estuviera circulando por detrás. Cruzó sin despegar los auriculares de sus oídos ni un solo instante. ¿Habría un coche? ¿Realmente importa? Imaginó que era atropellada. Imaginó que todo lo que había estado sintiendo, todo lo que había estado pensando, el recuerdo de sus sueños más recientes, el recuerdo de los momentos que había que dejar atrás porque jamás volverían, todos los planes y la falta de ellos que llevaba consigo, yacían por última vez en aquel lugar y desaparecían, para siempre.